Ventajas de los LED (y no hablaremos de eficiencia energética ni de vida media)

La imagen que en general tenemos de los LED está tan asociada a su alta eficiencia energética y a su larga vida útil que, a menudo, ni tan siquiera nos planteamos que puedan ofrecer otras ventajas. Veamos algunas de ellas:

Luz direccionada

Las fuentes de luz tradicionales emiten radiación en todas las direcciones. Los LED, al estar montados sobre una superficie plana, la emiten solo hacia un hemisferio. En ambos casos, para la mayoría de aplicaciones, la luz emitida debe ser direccionada mediante el uso de lentes y/o reflectores, cuya utilización lleva asociada una pérdida de eficiencia. En este aspecto el LED sale con ventaja, puesto que parte del direccionamiento de la luz ya viene dado de origen, por lo que en su conjunto su sistema óptico es más eficiente.

En cambio, en aplicaciones que requieren una luz omnidireccional, el LED presenta más problemas. Por ello todavía existen casos en los que la fluorescencia puede ser una opción más adecuada.

Tamaño reducido

Por el hecho de ser pequeño, en general el LED permite un diseño más eficiente de lentes y reflectores.

El reducido tamaño del LED ha revolucionado el diseño de luminarias. Ha contribuido a la integración de la iluminación en la arquitectura y ha abierto nuevos campos de aplicación.  Aun así, hay que valorar también las limitaciones asociadas a la necesidad de evacuar el calor que genera, ya que en muchos casos el sistema de disipación resulta más voluminoso que la propia fuente de luz.

No obstante, lo del «tamaño reducido» es una verdad a medias: si bien es cierto que, para potencias relativamente moderadas, la solución con LED acostumbra a ser más pequeña —en flujo lumínico— que su equivalente convencional, para potencias muy elevadas la relación se invierte. Existen luminarias con lámparas de descarga de más de 20.000 lumens que ocupan mucho menos espacio del que ocuparía una de LED de idéntico flujo.

Resistencia a la rotura

El LED no tiene ni filamentos, ni está contenido en ampollas, lo que descarta la principal causa de rotura de las fuentes de luz tradicionales. Este es un aspecto muy importante en aplicaciones en las que puedan recibir impactos (recintos deportivos, zonas con vandalismo, etc.), existan vibraciones (medios de transporte, maquinaria, etc.). Y, sobre todo, reduce las incidencias durante su transporte e instalación, que es cuando se producen el mayor número de roturas.

Encendido inmediato

Las fuentes de luz de descarga —que, después de los LED, son las más eficientes— no se encienden de forma inmediata. Incluso hay algunas que no alcanzan a emitir el 100 por cien de su flujo lumínico hasta pasados unos minutos. Además hay algunas, como las de halogenuros metálicos y vapor de sodio, que necesitan estar a una temperatura baja para poder encenderse. En caso de apagado accidental, pueden requerir varios minutos para su enfriamiento y posterior reencendido.

Con el LED esto no sucede, lo que redunda en una ventaja estética, funcional y de seguridad.

Ciclo encendido apagado sin efectos negativos

Los ciclos de encendido/apagado no disminuyen la vida de los LED, al contrario de lo que sucede con, por ejemplo, las lámparas fluorescentes. De hecho, es muy habitual que estas acaben teniendo una vida muy inferior a la prevista debido a que se utilizan en zonas con constantes apagados —iluminación de escaleras, cuartos de baño particulares…—, por desconocimiento del usuario.

Ausencia de radiación ultravioleta e infrarroja

Además de redundar en una mayor eficiencia, la ausencia de radiaciones UV e IR permite iluminar superficies delicadas —obras de arte, prendas de ropa…— minimizando los daños.

No hay que confundir la ausencia de radiación infrarroja con la ausencia de calor. Los LED, aunque no emiten IR en su haz lumínico, sí producen calor, que se acaba disipando principalmente por su parte posterior.

De todos modos, siendo críticos, no hay que olvidar que lo que se presenta como una ventaja es, en la mayoría de casos, un inconveniente. Si el LED emitiera radiación infrarroja, significaría que parte del calor estaría siendo emitido a través del propio haz, con lo que se resolvería en cierta medida el gran problema de diseño de luminarias: la disipación de calor.

Buen funcionamiento a baja temperatura

Las bajas temperaturas suponen un problema para los tubos fluorescentes, ya que ven disminuido su rendimiento. El LED, por el contrario, mejora sus prestaciones. Por ello, su uso en entornos fríos —neveras, cámaras frigoríficas, exteriores— está altamente recomendado. Por el contrario, su uso se desaconseja en zonas con temperaturas elevadas, ya que sus prestaciones se ven reducidas (en especial sus horas de vida).

Regulación

Las lámparas de descarga presentaban problemas de regulación —o directamente, en la mayoría de casos, no se podían regular. Los LED son regulables. Aunque la elección del modelo, equipo y sistema de regulación debe ser convenientemente estudiada.

Cambio de color o de temperatura de color

Es viable combinar chips de múltiples tipos en un solo producto. Ello ha hecho posible la proliferación de aplicaciones con cambio de color y temperatura de color que, hasta la aparición del LED, se habían realizado, principalmente, por medio de filtros, siempre con luminarias de volumen considerable.

Se ha abierto también la puerta al uso de luminarias con luz blanca con temperatura de color ajustable, aunque se trata de aplicaciones que, por el momento, tienen un menor grado de implantación en el mercado.

Equipo ca2L