La importancia de la luz, I: en la vida

Hemos reflexionado un tiempo antes de escribir y colgar este texto porque, lejos de querer ofrecer un ensayo filosófico sobre el tema, nos gustaría que sirviera de introducción a nuestro siguiente post, La importancia de la luz, II: en un proyecto.

Es obvio que la luz natural, la luz del día, es una fuente de vida. Sin luz, la vida no es posible. Es muy probable que, sin ella, la vida animal y humana ni siquiera existirían. De hecho, creemos que el invento más grande de la humanidad ha sido el fuego. El fuego como fuente de calor, como fuente de protección y, por encima de todo, como fuente de luz. La luz del fuego nos permitió gozar de días más largos y, además, controlar nuestro entorno. Y el fuego, estrictamente como luz, aparece en la prehistoria y dura hasta Edison, hace tan solo 137 años.

Desde finales del siglo XIX hasta ahora, las fuentes de luz han evolucionado de manera espectacular y han sido capaces de mejorar nuestro confort de una manera increíble: en casa, en el trabajo, en el ocio y en todas partes.

 

 

Así, podemos afirmar que la luz artificial nos ha permitido trabajar, vivir y, finalmente, gozar de períodos de tiempo que si solo dispusiéramos de luz natural nos resultaría imposible aprovechar.

Aun así, somos muy conscientes y está científicamente comprobado que siempre es mejor disfrutar y trabajar con luz natural que con luz artificial.

Hablamos a nivel de salud.

Pero al mismo tiempo somos también muy conscientes de que la luz natural dura tan solo unas horas al día y que, en algunos espacios, ni siquiera esto. Por tanto, la industria ha desarrollado un gran abanico de opciones que nos permiten iluminar todo tipo de espacios para alcanzar el máximo confort posible según las necesidades del espacio y de las personas que lo utilizarán.

De aquí surge la siguiente entrada en el blog: La importancia de la luz, II: en un proyecto.

Equipo ca2L.